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martes, 23 de agosto de 2011

Personajes: JOSÉ ALADINO ESCALANTE SÁNCHEZ



Por Olindo Aliaga R. y Gutemberg Aliaga Z.

El sol aún no conseguía evaporar al rocío de la yerba brillante crecida en la proximidad de la colina y a la vera del río; cuyas estruendosas aguas se matizaban con las aguas templadas del manantial conocido con el nombre de Agua Caliente. Aquella mañana del 31 de marzo de 1902, en que la cima de los cerros, con la aparición de los primeros rayos del astro, comenzaban a tomar tonalidades ámbar, vino al mundo un niño que su padre lo bautizó con el nombre de José Aladino.

Fueron sus padres José Escalante Rojas, carpintero y pequeño agricultor; y, Lucía Sánchez Rodríguez su madre, dedicada a los quehaceres de la casa y al laboreo de la rueca (Instrumento rústico para hilar, en un extremo lleva atada una pita con el que se amarra el copo de lana; son sus complementos el huso y el tortero); tanto el padre como la madre fueron de Sucre.

Su casa de modesta construcción, ubicada cerca del río La Quintilla y del Agua Caliente era de una sola habitación en donde vivió con sus tres hermanos: Rogelia, Griceria y Florentino (Egocéntrico le decían "manco Rojas". Esta peculiaridad también la tentó a don Aladino, quien por un tiempo se firmó Escalante Rodríguez), este último tomó el apellido Rojas de su abuela paterna, porque, Los Sánchez son ladrones, decía con socarronería.

Este sucrense de inteligencia superior que se distinguió de los demás por su piel blanca, de rostro colorado, ojos azules y cabellera rubia; reposado de maneras y circunspecto, hizo sus primeros estudios en la Escuela Fiscal de su tierra, la secundaria la cursó en un Colegio Particular de Celendín. Durante toda su época de estudiante mostró gran habilidad por el estudio y alto coeficiente intelectual.

El hogar de la familia Escalante Sánchez no fue ni muy pobre, ni muy adinerada; pero los recursos económicos escaseaban sentidamente, por esta razón todos los miembros de la familia se resignaron apoyar sin restricciones al joven estudiante.

Su hermana Rogelia fue asignada para asistirlo en la provincia: Mi hermana, dirá más adelante don Aladino, "los días lunes solía madrugar más temprano de lo que se acostumbraba en el pueblo, para moler con el pesado chungo (Mortero de piedra, pieza inseparable del batán) sobre el batán de piedra las hojas frescas y aromáticas de chauncas (Arbusto que crece junto a las breñas ), para el cotidiano caldo de verde (Potaje de la culinaria sucrense ) que nos abastecía hasta el día sábado, día en que jadeantes regresábamos al Huauco después de una semana de agotador estudio".

Contaba con 21 años el joven cuando contrae matrimonio con la señora Justina Zelada, con quien procrea dos hijas: Penélope y Tavita, las dos de una belleza hierática, que más de un hombre de aquella época quedó arrobado.

En 1924, ya casado se convierte a la religión protestante y con sus hermanos espirituales se embarca en busca de otros horizontes. Su convicción evangélica lo elevó por encima de lo cotidiano, viajó al extranjero y por esa convicción es que hoy se puede hablar, con toda modestia, que don Aladino fue una vida lograda.


Inscrito formalmente en la iglesia Presbiteriana por los misioneros de esa secta religiosa, que viajaron a la ciudad de Sucre para catequizar y ganar adeptos, los misioneros evangélicos le prometieron toda laya de ayuda, especialmente a la señora Zelada, que se quedaría sola al cuidado de las niñas, mientras su esposo viajaba a Lima, para estudiar.

En Lima asiste a la iglesia Presbiteriana y estudia Inglés en el Colegio Secundario Anglo Americano, hoy San Andrés y conoce a los pastores Jonrty Mackay; quien fue alumno de Miguel de Unamuno, fundador de la iglesia Presbiteriana en el Perú, y a Calvin Mackay, fundador y director del colegio donde, el joven Aladino estudió por segunda vez los últimos años de secundaria.

Por su alta capacidad de concentración y de comprensión, en ese centro de estudio se hizo merecedor del apodo El cabezón.

Después de estudiar acelerado en el colegio evangélico, fue becado por la iglesia a la república de Escocia, para estudiar en la facultad de la Divinidad Teológica de la universidad de Edimburgo (Capital de Escocia), de la misma que egresa con el Grado de Magíster en Teología.

En la universidad complutense de España, estudió Filosofía, Letras e Idiomas, obteniendo los títulos de Bachiller en latín y griego y de Doctor en Filosofía y Letras. Habló además del español, los idiomas: inglés, italiano, francés y portugués.

Durante su estancia en el país anglosajón, desempeñó misiones secretas en España por encargo de la iglesia libre de Escocia, en época de la guerra civil española a favor de la causa republicana.

El año de 1937 y después de la guerra civil, alcanzó el grado de Anciano Consistorio de la Iglesia Presbiteriana, máxima categoría de esa Iglesia Protestante.

Después de prolongada ausencia por países europeos, graduado de doctor en Lenguas y Pastor Evangélico, regresó a su terruño amado, donde instaló una escuela gratuita nocturna, para el cuarto y quinto año de primaria.

Muchos jóvenes se matricularon en la escuela del maestro de idiomas, varios de sus alumnos fueron destacados profesionales y han tomado relieve de medalla, tal son los casos de la luchadora social, Semíramis Quevedo y del profesor Chirre; también se contaron entre sus alumnos, los señores: Hildebrando Aliaga, Flaviano Silva y Almansor Chávez, entre otros.
Ver nota al final del texto.
El año de 1937, dos celendinos: don Segundo Aliaga y don Leovigildo Pereyra Salazar, junto a otros profesionales y padres de familia, consiguieron dar forma a su proyecto de crear un colegio secundario, el mismo que, en cabildo abierto del 28 de febrero de 1937 fue aprobado en medio del alborozo de la población celendina, con el sugerente nombre de Colegio Celendín el 4 de abril de 1937, y con la dación de la R.M. 4305 del 30 - 6 - 37, iniciando sus labores lectivas el 6 de abril del mismo año en ceremonia solemne. Se nombra como primer director al Ing. Héctor Aliaga M. y como Director Académico al Dr. Aladino Escalante Sánchez, la Plana Docente integrada por los profesores: Manuel Velezmoro, César Pereyra, Arístides Merino Merino, Cap. José Ruiz Mejía, Dr. Ignacio de la Riva, Artemio R. Tavera, Dr. Aladino Escalante Sánchez, Juan Chávez, Dr. Ruperto Pimentel, Humberto Pereyra, Saúl Silva Sánchez, Alejandro Rojas y Víctor Camacho Marín; los gestores de este anhelado proyecto fueron elegidos como: Leovigildo Pereyra Tesorero y Segundo Aliaga Secretario.

En el Colegio Javier Prado, además del matemático Velezmoro fue su colega el poeta sorochuquino David Sánchez Infante; y, compuso el Himno para ese Centro Educativo cuya música pertenece al reconocido músico sinfónico Roberto Carpio.

De las aulas Javierpradinas pasa a ser Superintendente d Educación, cargo que le permitió viajar y conocer el Perú.

Por los años 1945, se opuso acremente, a la desecación de la laguna, Huaucococha mediante la construcción del túnel gestionado por E diputado Clodomiro Chávez Mariñas, siendo una voz solitaria oposición que no caló en el espíritu del antiguo sucrense ansioso contar con dicha obra.

El año de 1946, contrae nuevas nupcias con la señora Julia Cristina Díaz Montoya, natural de Celendín, hija de los celendinos: Santiago Díaz Marín y de Aurora Montoya Escalante; de ese matrimonio son si hijos: Juan, José, de profesión médico y Tomás, ingeniero y empresario todos nacidos y radicados en Lima.

En 1948, acompañó al sabio Julio C. Tello en su viaje exploración a las ruinas de la Chocta en el distrito de Oxamarca.

Los esposos Escalante Díaz deciden establecerse en Lima inicialmente fijaron su residencia en el segundo piso de un edificio de calle Contumazá, en el centro de Lima, luego, pasan a la avenida Garzón y finalmente se trasladan a la calle Morelos de Pueblo Libre, un distrito aristocrático limeño.

En esa ciudad capital, el pastor evangelista fue profesor del Colegio Raymondi y del Colegio Evangélico San Andrés, para el mismo que escribió su himno; también, desempeñó labores de docente en la única Universidad Industrial de Lima, y fue Asesor del Consulado de Gran Bretaña.

Posteriormente ingresa a trabajar como profesor en la Gran Unidad Escolar Bartolomé Herrera de San Isidro, donde dictó el curso de Literatura, poco después se hace cargo de la sección de letras de ese colegio y escribe en el vocero del plantel temas relacionados con la educación.

A su actividad de maestro se suma la de traductor, para ello, instala una oficina en el edificio donde tuvo su primera vivienda y a pesar de lo absorbente de su trabajo se dio maña para estudiar violín; pues la música y ese instrumento lo fascinaron. Asimismo, tocó con cierta maestría los instrumentos musicales de la mandolina y el clarinete.

El año de 1965, viajó a Europa, integrando una comisión del Ministerio de Educación para revisar las Currícula del Nivel Secundario; años más tarde viajó a Inglaterra.

Retirado de la docencia en 1970, decide poner en práctica el proyecto de sus sueños que consistió en una empresa inmobiliaria, para ello se asoció con varios familiares y amigos y adquirió dos hectáreas de tierras en el sitio llamado Cocachacra.

En 1972, su salud sufre un deterioro, ocasionado por una parálisis al cuello, los médicos lo declaran hipertenso y le encuentran una enfermedad neurológica.
Personajes de la Historia Sucrense

En 1974, sufre otra crisis paralizándosele una de las piernas. Desde ese año el hombre bromista cambia a rigor de la enfermedad que lo acecha constantemente; y, el 2 de diciembre de 1977, fallece a causa de la hipertensión y por una afección coronaria.

En olor a multitud se acabó el Dr. de las Siete Lenguas, de rasgos anglosajones, que como al poeta le habría encantado decir:

Yo soy de donde hay un río.
Un molino.
Me vio brincar mohíno.
De donde el aguacero sabe que termina en abril.
Y crecen ufanos la hierba santa y el Saúco.
Yo soy de la tierra del Huauco.

Sus restos reposan en el cementerio británico del Callao, junto con los de su hijo Juan, fallecido el año 1998 y de los de su esposa Cristina fallecida en 1999.

Su actividad intelectual.
Don Aladino escribió muy poco, aunque bromista fue bastante reservado, no gustó de las notoriedades y prefirió la modestia y el per bajo, conoció y coleccionó música clásica.

Como obras de su creatividad son los Sermones de tipo religioso que fueron escritos para la iglesia.

Hizo arreglos métricos a los Salmos Bíblicos, adaptándolos a música y el canto.

Escribió las versiones métricas de los Salmos de David.

Fundó una iglesia menor dentro de la iglesia Presbiteriana, para cual vivió y padeció como un buen misionero y predicador d protestantismo Anglicano- Presbiteriano.

Del libro Personajes de la Historia Sucrense.

Nota : Dr. Aladino Escalante junto a los fundadores del Colegio Celendín año 1937, en la foto César Pereyra, Ruperto Pimentel, Capitán José Ruiz, Víctor Camacho, Arístides Merino, Saúl Silva, Héctor Aliaga, Artemio Tavera, entre otros.

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